sábado, 26 de noviembre de 2011
Aquel día me morí
Estabas viendo todo
Pero aun con el sentir
De mi piel en lodo
Será que el amor es autodestructivo
Por lo mismo lo rechazo, trato evadirlo
Será que solo causa ese efecto nocivo
Pero no hay opción cuando se trata de sentirlo
Y luego la náusea. Que siempre me relaja
Mi felicidad, no es más que un sucedáneo del sueño
Y me parece que en eso, la muerte toma ventaja
aunque a la llevadera no le importa mi empeño
¿Y cómo es que aún, no se han dado cuenta?
Aquel mal que tropieza, es como el conocimiento
Y el tormento que te reduce y que atropella
Aunque tus signos acusen ya del padecimiento
En lugares de trasfondos y profundos rojos
Es dulce pero cruel, el bailar de la muerte
Me río, me abraza, después me acongojo
Tierra y espíritu, ósculo a la materia inerte
Y en aquél momento
Que el espectro me reclame
Ya me alejara el tormento
Del pensamiento infame
Estabas viendo todo
Pero aun con el sentir
De mi piel en lodo
Será que el amor es autodestructivo
Por lo mismo lo rechazo, trato evadirlo
Será que solo causa ese efecto nocivo
Pero no hay opción cuando se trata de sentirlo
Y luego la náusea. Que siempre me relaja
Mi felicidad, no es más que un sucedáneo del sueño
Y me parece que en eso, la muerte toma ventaja
aunque a la llevadera no le importa mi empeño
¿Y cómo es que aún, no se han dado cuenta?
Aquel mal que tropieza, es como el conocimiento
Y el tormento que te reduce y que atropella
Aunque tus signos acusen ya del padecimiento
En lugares de trasfondos y profundos rojos
Es dulce pero cruel, el bailar de la muerte
Me río, me abraza, después me acongojo
Tierra y espíritu, ósculo a la materia inerte
Y en aquél momento
Que el espectro me reclame
Ya me alejara el tormento
Del pensamiento infame
jueves, 24 de noviembre de 2011
El Pasado
Pesa sobre mis hombros
El clásico tormento,
Un monstruo me persigue
Como la lona al viento.
Satélite fantasma
De un astro pensativo
O trasgo siempre errátil
De un muerto vengativo.
Es viejo y es rugoso
Como un arial eterno,
Su barba, más estéril
Que un pino en el Invierno.
En su pupila turbia
Donde Satán reposa
En veces hay presagios
De una nube tempestuosa,
Y en veces se ve en ella
Brillar la lastimera
Desolación del trágico
San Pablo de Rivera.
Y es puñal otras veces
Que en el pecho se espacia
Como las firmes hojas
Forjadas en Dalmacia.
De insatisfechas ansias
Hablan en su semblante,
Sus túmidas varices
De palafrén piafante.
Cansadamente, como
Las de un gran cuadrumano,
Le cuelgan las orejas
De sátiro. Y su mano
Que sabe de las flechas,
Es gruesa y dilatada
Como cadera informe
De una mujer gozada.
Hay en sus palideces
El infamante brillo,
La sordidez del sórdido
Mendigo de Murillo.
Los harapos, banderas
Palpitantes al viento
Del odio, mal le cubren
Las carnes. El lamento
Golpeante de la tisis
Remece sus pulmones.
(Jaulas que se derrumban
A un forcejear de leones.)
Y bajo sus andrajos
Una gran llaga impera,
La llaga que la carne
De Job ya conociera.
De un borroso diseño,
De un satánico esbozo,
Parece su figura
Salida.
Trozo á trozo,
A vera de los campos
Esparce su carroña,
Negros brotes que un árbol
De Maldición retoña.
El repugnante aroma
De los grandes protervos
Los caminos le puebla
De bandadas de cuervos,
Menos negros que el fondo
De su interno edificio
Donde entre ruinas yergue
Su ígneo Trianón el Vicio;
Y reinan, capitanes
De ejércitos triunfales,
Los siete omnipotentes
Pecados Capitales.
Lujuria le consume
Como un incendio á un monte.
Tal asieron las sierpes
Al viejo Laoconte.
Por sus arterias, causes
De purulento riego,
Hace correr efímeras
Cataratas de fuego.
Y movimientos pone
Temblorosos y tardos
En sus dedos, sarmientos
De ponzoñosos cardos.
Los lobos de la Ira
Que en sus apriscos duermen
Le muerden las mejillas,
Que pústulas en germen
Semejan. Y él semeja,
Con la lengua jadeante
Y los ojos cansados,
Un reo agonizante.
Envidia le extravía
La punzante mirada,
Cuando Pierrot pasea
Del brazo de su amada,
O cuando Colombina
Regocija á Febrero
Con un reír jocundo,
Con su charlar ligero.
Pereza, su nodriza
De pezón rojo y tierno,
Se abandona en los valles
Que ha blanqueado el Invierno.
Allí, resto aventado
Por insegura mano,
Sus harapos negrean
Sobre el blanco océano.
Y nada, ni la nieve
Que enfanga, ni los vientos
Helados que le rajan
Los labios supurentos,
Ni la coz de la bestia
Que lleva al campesino
Rumbo á su choza, nada
Se arroja del camino,
Mientras el Sol en su alto
Belvédere se encierra
Y duermen infecundas
Las ubres de la Tierra.
Pesa sobre mis hombros
El clásico tormento,
Un monstruo me persique
Como la lona al viento.
Satélite fantasma
De un astro pensativo
O trasgo siempre errátil
De un muerto vengativo.
El clásico tormento,
Un monstruo me persigue
Como la lona al viento.
Satélite fantasma
De un astro pensativo
O trasgo siempre errátil
De un muerto vengativo.
Es viejo y es rugoso
Como un arial eterno,
Su barba, más estéril
Que un pino en el Invierno.
En su pupila turbia
Donde Satán reposa
En veces hay presagios
De una nube tempestuosa,
Y en veces se ve en ella
Brillar la lastimera
Desolación del trágico
San Pablo de Rivera.
Y es puñal otras veces
Que en el pecho se espacia
Como las firmes hojas
Forjadas en Dalmacia.
De insatisfechas ansias
Hablan en su semblante,
Sus túmidas varices
De palafrén piafante.
Cansadamente, como
Las de un gran cuadrumano,
Le cuelgan las orejas
De sátiro. Y su mano
Que sabe de las flechas,
Es gruesa y dilatada
Como cadera informe
De una mujer gozada.
Hay en sus palideces
El infamante brillo,
La sordidez del sórdido
Mendigo de Murillo.
Los harapos, banderas
Palpitantes al viento
Del odio, mal le cubren
Las carnes. El lamento
Golpeante de la tisis
Remece sus pulmones.
(Jaulas que se derrumban
A un forcejear de leones.)
Y bajo sus andrajos
Una gran llaga impera,
La llaga que la carne
De Job ya conociera.
De un borroso diseño,
De un satánico esbozo,
Parece su figura
Salida.
Trozo á trozo,
A vera de los campos
Esparce su carroña,
Negros brotes que un árbol
De Maldición retoña.
El repugnante aroma
De los grandes protervos
Los caminos le puebla
De bandadas de cuervos,
Menos negros que el fondo
De su interno edificio
Donde entre ruinas yergue
Su ígneo Trianón el Vicio;
Y reinan, capitanes
De ejércitos triunfales,
Los siete omnipotentes
Pecados Capitales.
Lujuria le consume
Como un incendio á un monte.
Tal asieron las sierpes
Al viejo Laoconte.
Por sus arterias, causes
De purulento riego,
Hace correr efímeras
Cataratas de fuego.
Y movimientos pone
Temblorosos y tardos
En sus dedos, sarmientos
De ponzoñosos cardos.
Los lobos de la Ira
Que en sus apriscos duermen
Le muerden las mejillas,
Que pústulas en germen
Semejan. Y él semeja,
Con la lengua jadeante
Y los ojos cansados,
Un reo agonizante.
Envidia le extravía
La punzante mirada,
Cuando Pierrot pasea
Del brazo de su amada,
O cuando Colombina
Regocija á Febrero
Con un reír jocundo,
Con su charlar ligero.
Pereza, su nodriza
De pezón rojo y tierno,
Se abandona en los valles
Que ha blanqueado el Invierno.
Allí, resto aventado
Por insegura mano,
Sus harapos negrean
Sobre el blanco océano.
Y nada, ni la nieve
Que enfanga, ni los vientos
Helados que le rajan
Los labios supurentos,
Ni la coz de la bestia
Que lleva al campesino
Rumbo á su choza, nada
Se arroja del camino,
Mientras el Sol en su alto
Belvédere se encierra
Y duermen infecundas
Las ubres de la Tierra.
Pesa sobre mis hombros
El clásico tormento,
Un monstruo me persique
Como la lona al viento.
Satélite fantasma
De un astro pensativo
O trasgo siempre errátil
De un muerto vengativo.
lunes, 21 de noviembre de 2011
ej. IV
De lo que un genovés dijo a su alma cuando se quería morir
Un día hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le contaba su hecho de esta manera:
"Patronio, yo tengo, loado sea Dios, mi hacienda en bastante buen estado y en paz, y todo lo que me cumple según mis vecinos y mis iguales, y quizá más. Y algunos me aconsejan que comience un hecho de muy gran aventura y muy peligroso, y yo tengo mucho deseo de hacer aquello que me aconsejan; pero por la confianza que tengo en vos no lo quise empezar hasta que con vos hablase y os rogase que me aconsejaseis lo que en ello hiciere."
"Señor conde Lucanor -dijo Patronio-, para que en este hecho hagáis lo que más os conviene agradaríame que supieseis lo que aconteció a un genovés."
El conde le rogó que le dijese cómo fuera aquello, y Patronio le dijo:
"Señor conde Lucanor, un genovés era muy rico y bienandante, según sus vecinos, y aquel genovés cayó muy enfermo, y cuando entendió que no podía escapar a la muerte, hizo llamar a sus parientes y a sus amigos, y cuando todos se hallaron con él, envió en busca de su mujer y de sus hijos, y se asentó en un palacio muy bueno de donde se veían la mar y la tierra, e hizo traer ante sí todo su tesoro y todas su joyas; y cuando todo lo tuvo ante sí comenzó, a manera de entretenimiento a hablar de este modo a su alma:
"-Alma, yo veo que tú te quieres separar de mí, y no sé por qué lo haces; pues si tú quisieres mujer e hijos, bien los ves aquí delante, tales de que te debes dar por contenta; si quieres parientes y amigos, aquí ves a muchos y muy buenos, y muy honrados; y si quieres muy gran tesoro de oro, y de plata, y de piedras preciosas, y de joyas, y de paños, y de mercaderías, tú tienes aquí tanto de ello, que no te hace falta más; si tú quieres naves y galeras que te ganen y te traigan grandes riquezas y grandes honores, velas ahí donde están en el mar, que se ven de este palacio; y sí quieres caballos y mulas, y perros para cazar y tomar placer, y juglares para darte alegría y solaz, y muy buena vivienda muy alhajada de camas y estrados y de todas las demás cosas que en ella son menester, de todas estas cosas no te falta nada; y pues tanto bien tienes, y no te das por satisfecha ni puedes sufrir el bien que tu tienes, y con todo esto no quieres quedarte aquí y quieres buscar lo que no conoces, de aquí en adelante ve con la ira de Dios, y será muy necio quien de ti se doliere por el daño que te sobrevenga.
"Y vos, señor conde Lucanor, pues loado sea Dios estáis en paz y con bien, y con honra, entiendo que no sería de buen recaudo aventurar esto, y comenzar lo que decís que os aconsejan; pues quizá estos vuestros consejeros os lo dicen porque saben que cuando en el hecho os vieren metido, por fuerza habréis de hacer lo que ellos quisieren y tendréis que seguir su voluntad cuando os vieres en gran menester, así como ellos siguen la vuestra ahora que estáis en paz; y quizá piensan que mediante vuestro pleito enderezarán ellos sus asuntos, lo que no pueden arreglar mientras vos vivieres en sosiego y os acontecería lo que decía el genovés a su alma.
Más, por mi consejo, en tanto pudieres tener paz y sosiego sin mengua de vuestra honra, no os metáis en cosas en que todo lo debáis aventurar; pues la guerra y el pleito, dijo el sabidor, comienzan en punta de aguja y acaban en quintal de hierro."
Al conde le plugo mucho este consejo que Patronio le dio, y así lo hizo, y se halló muy bien.
Y cuando don Juan halló este ejemplo, túvolo por bueno, y no quiso hacer nuevos versos, sino que le puso una sentencia que dicen las viejas en Castilla.
Y la sentencia dice así:
Quien bien sentado está no se levante.
Un día hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le contaba su hecho de esta manera:
"Patronio, yo tengo, loado sea Dios, mi hacienda en bastante buen estado y en paz, y todo lo que me cumple según mis vecinos y mis iguales, y quizá más. Y algunos me aconsejan que comience un hecho de muy gran aventura y muy peligroso, y yo tengo mucho deseo de hacer aquello que me aconsejan; pero por la confianza que tengo en vos no lo quise empezar hasta que con vos hablase y os rogase que me aconsejaseis lo que en ello hiciere."
"Señor conde Lucanor -dijo Patronio-, para que en este hecho hagáis lo que más os conviene agradaríame que supieseis lo que aconteció a un genovés."
El conde le rogó que le dijese cómo fuera aquello, y Patronio le dijo:
"Señor conde Lucanor, un genovés era muy rico y bienandante, según sus vecinos, y aquel genovés cayó muy enfermo, y cuando entendió que no podía escapar a la muerte, hizo llamar a sus parientes y a sus amigos, y cuando todos se hallaron con él, envió en busca de su mujer y de sus hijos, y se asentó en un palacio muy bueno de donde se veían la mar y la tierra, e hizo traer ante sí todo su tesoro y todas su joyas; y cuando todo lo tuvo ante sí comenzó, a manera de entretenimiento a hablar de este modo a su alma:
"-Alma, yo veo que tú te quieres separar de mí, y no sé por qué lo haces; pues si tú quisieres mujer e hijos, bien los ves aquí delante, tales de que te debes dar por contenta; si quieres parientes y amigos, aquí ves a muchos y muy buenos, y muy honrados; y si quieres muy gran tesoro de oro, y de plata, y de piedras preciosas, y de joyas, y de paños, y de mercaderías, tú tienes aquí tanto de ello, que no te hace falta más; si tú quieres naves y galeras que te ganen y te traigan grandes riquezas y grandes honores, velas ahí donde están en el mar, que se ven de este palacio; y sí quieres caballos y mulas, y perros para cazar y tomar placer, y juglares para darte alegría y solaz, y muy buena vivienda muy alhajada de camas y estrados y de todas las demás cosas que en ella son menester, de todas estas cosas no te falta nada; y pues tanto bien tienes, y no te das por satisfecha ni puedes sufrir el bien que tu tienes, y con todo esto no quieres quedarte aquí y quieres buscar lo que no conoces, de aquí en adelante ve con la ira de Dios, y será muy necio quien de ti se doliere por el daño que te sobrevenga.
"Y vos, señor conde Lucanor, pues loado sea Dios estáis en paz y con bien, y con honra, entiendo que no sería de buen recaudo aventurar esto, y comenzar lo que decís que os aconsejan; pues quizá estos vuestros consejeros os lo dicen porque saben que cuando en el hecho os vieren metido, por fuerza habréis de hacer lo que ellos quisieren y tendréis que seguir su voluntad cuando os vieres en gran menester, así como ellos siguen la vuestra ahora que estáis en paz; y quizá piensan que mediante vuestro pleito enderezarán ellos sus asuntos, lo que no pueden arreglar mientras vos vivieres en sosiego y os acontecería lo que decía el genovés a su alma.
Más, por mi consejo, en tanto pudieres tener paz y sosiego sin mengua de vuestra honra, no os metáis en cosas en que todo lo debáis aventurar; pues la guerra y el pleito, dijo el sabidor, comienzan en punta de aguja y acaban en quintal de hierro."
Al conde le plugo mucho este consejo que Patronio le dio, y así lo hizo, y se halló muy bien.
Y cuando don Juan halló este ejemplo, túvolo por bueno, y no quiso hacer nuevos versos, sino que le puso una sentencia que dicen las viejas en Castilla.
Y la sentencia dice así:
Quien bien sentado está no se levante.
domingo, 13 de noviembre de 2011
obstineto
Absorber corroer, recluido todo en el mismo espacio
Inmerso todo en uno miseria, alegrías, varias parecen
Mirar sin comprender ya basado en un cal grisáceo
Novedades elocuentes, y ver como a la luz padecen
Contar con el principio
Del tinte lascivo
Evitando lo creado
Dar para no recibir
La luz que no has de sentir
El mal perfeccionado
La del mal lacerado
Y el instinto premeditado
De aquel otro, ausente
Aunque lo recluya
Sin que lo diga
La elevación, que prosiga
Inmerso todo en uno miseria, alegrías, varias parecen
Mirar sin comprender ya basado en un cal grisáceo
Novedades elocuentes, y ver como a la luz padecen
Contar con el principio
Del tinte lascivo
Evitando lo creado
Dar para no recibir
La luz que no has de sentir
El mal perfeccionado
La del mal lacerado
Y el instinto premeditado
De aquel otro, ausente
Aunque lo recluya
Sin que lo diga
La elevación, que prosiga
miércoles, 9 de noviembre de 2011
-Pero ¿qué dices? como has de saber, ya que después de todo, era algo obvio para Alejandro, la doctrina mágica sostiene que en el mundo prehistórico hubo varios linajes humanos antagónicos. Conocemos tres, por lo menos: el Homo simius, el hombre antropoide y el Homo saurus, es decir, nosotros. Además de otros linajes esparcidos por el globo, pero de menor importancia. Ahora bien, el Homo saurus es inconmensurablemente el linaje más antiguo, que data de comienzos en la Era Secundaria, en tanto que los simii y los antropoides son varios centenares de millones de años más jóvenes. Además, nuestra especie era al principio de sangre fría, a imagen y semejanza del Príncipe de la Oscuridad...
-Padre, esas tonterías pedantes no son...
-A imagen del Príncipe de la Oscuridad... ¡A vosotros, jóvenes mequetrefes, no os interesa aprender! En mi juventud era diferente... Pero dejemos eso... Tonterías pedantes, ¡habráse visto! Los eruditos han adivinado bien que nuestro mundo no es más que uno entre muchos alquímicamente concebibles.
en algunos otros mundos de la posibilidad, por tomar un caso extremo, es probable que el Homo saurus se haya extinguido por completo... en la gran batalla de Itssobeshiquetzilaha, digamos, hace más de tres millones mil setecientos años. El resultado sería un mundo de pesadilla en el que alguna otra raza humana tendría la supremacía y Malacia jamás habría existido...
¡Supremacía!, pensé. Aquí, en mi hogar, jamás nos habíamos aproximado ni siquiera a la igualdad.
-Padre, esas tonterías pedantes no son...
-A imagen del Príncipe de la Oscuridad... ¡A vosotros, jóvenes mequetrefes, no os interesa aprender! En mi juventud era diferente... Pero dejemos eso... Tonterías pedantes, ¡habráse visto! Los eruditos han adivinado bien que nuestro mundo no es más que uno entre muchos alquímicamente concebibles.
en algunos otros mundos de la posibilidad, por tomar un caso extremo, es probable que el Homo saurus se haya extinguido por completo... en la gran batalla de Itssobeshiquetzilaha, digamos, hace más de tres millones mil setecientos años. El resultado sería un mundo de pesadilla en el que alguna otra raza humana tendría la supremacía y Malacia jamás habría existido...
¡Supremacía!, pensé. Aquí, en mi hogar, jamás nos habíamos aproximado ni siquiera a la igualdad.
lunes, 31 de octubre de 2011
Si a la pelambre de los güeldos lía, caparazón de anís, la sobreceja,
enarca sus trebejos un aceite de alambre. El encarnado pie, si avanza,
atrácase, en la remolina de los pliegues, en los pegasos de limozul
asaetinados en el brete, que se emberretan en el vuelto: el derrame de
flejos sobre las cejas almendradas. Almena, almena da a castillo sobre-
ceja que si líquenes vierte sesgo aceza. Jadea, en esa almena, el casti-
llejo regodeante, el zalameo de las tejas en el peje jaspeado del alambre.
El cinto, de las cinchas, en el empeine terciopelo casca las limbas del
jabón. El vierte, si prepucio, sobre la lima azul el atorrante jopo de
la jarcia, el limonero de la leche en el dije de chambre. La chambona,
campera, campechana, si se olvidaba la campana, era por acezas las
ristras del jadeante, esterillarlo en cremas de calambre, en paniazul
nostalgia paniaguada de un desagüe rellano. En esa incertidumbre,
vespertina, del jadeo al masaje, del raye del Luis XV en la manguera de
la calle, jopo, esa aspereza de la chapa, guiño, el parpadear errante y fijo.
Renguea al ramonear la pestaña de nylon de la mirada que se aplasta.
domingo, 30 de octubre de 2011
Tengo ha veinte años en la carne hundido
-y es caliente el puñal-
un verso enorme, un verso con cimeras
de pleamar.
De albergarlo sumisa, las entrañas
cansa su majestad.
¿Con esta pobre boca que ha mentido
se ha de cantar?
Las palabras caducas de los hombres
no han el calor
de sus lenguas de fuego, de su viva
tremolación.
Como un hijo, con cuajo de mi sangre
se sustenta él,
y un hijo no bebió mas sangre en seno
de una mujer.
¡Terrible don! ¡Socorradura larga
que hace aullar!
El que vino a clavarlo en mis entrañas
¡tenga piedad!
Al mismo tiempo la escena que le ofrecía ante ellos giró hacia él, como la blanca mano amenazadora de un policía de tráfico; pensó que sólo con extender los dedos podría tocar al médico que trabajaba en el lado derecho de la mesa, cosiendo la incisión, o a la enfermera que enyesaba y vendaba al paciente, o que quizá extendía la sábana sobre el cuerpo; y a estas horas de cegadora luz boreal, le pareció que todos estos vendajes eran sucesivamente rasgados y aplicados sobre su propio lacerado espíritu.
¿O acaso estaba muerto? ¡Ajá, mira cómo el cirujano hace la incisión en el pie del cadáver! ¿Y después qué, Nostradamus? ¿Brotará la sangre? ¿O se habrá coagulado en algún órgano vital? ¡Sangra, muerto, sangra!, tranquiliza al pobre cirujano, para que no tenga que emborracharse y sufrir las convulsiones y alucinaciones del delirio; el horror a las ratas, los molinos que giran sin cesar y los Orange Bitters; sangra para que en verano él no llegue a pensar que incluso la misma Naturaleza está acribillada por el desasosiego, la ardilla neurótica y los gorriones que picotean el estiércol por el que el mulato, el criollo y el cuarterón han galopado envueltos en una nube negra de polvo; sangra para que él no tenga que pensar cuánto más bellas son las mujeres cuando agonizas, y cómo se contonean bajo los árboles que languidecen, sus pechos agitándose como capullos mecidos por un viento cálido; sangra para que no tenga que oír el aguijón de la conciencia, ni los lamentos de seres imaginarios, ni ver durante toda la noche, en las persianas, a los malos espíritus…
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Malcolm Lowry,
piedra infernal
sábado, 22 de octubre de 2011
En aquél compendio el fatídico arrastrar de pies que ni disminuía y no se alejaba, en una galopa abstracta de métrica lisonjera acusaba mi percepción acreeyéndome del divino juicio.
A veces parando sin dejar de, -como un encantador sin serpientes atisbando insectos para su abyecta sinfonía- efectuar el metrónomo de rayos luz, golpeándome iris y párpado sin prescindir del destapado pestañeo, dejando la sonora luz y el fatigoso ritmo de pasos, chinchineros puntapiés de compases de los que no fecunda el verbo. Desasosiegos de ideas ya compactadas e inmersas en el eco.
Cansado ya de la intriga en busca de las huellas de aquel marchar sin ganas, dejé ese balanceo estúpido que estrepitosa y burdamente daba el contacto tierra de suela inverosímil con el suelo, desdichado a no merecer una respuesta ante el abismo de la imagen omni-colora y en leve éxtasis fui devuelto a la mundana realidad de un arrebato donde Carmen Gloria me acordaba el desagravio que le infligía verme revoloteando el pié contra el suelo en acto seguido.
...Y de quién son esos pasos!? callenlos ya!
A veces parando sin dejar de, -como un encantador sin serpientes atisbando insectos para su abyecta sinfonía- efectuar el metrónomo de rayos luz, golpeándome iris y párpado sin prescindir del destapado pestañeo, dejando la sonora luz y el fatigoso ritmo de pasos, chinchineros puntapiés de compases de los que no fecunda el verbo. Desasosiegos de ideas ya compactadas e inmersas en el eco.
Cansado ya de la intriga en busca de las huellas de aquel marchar sin ganas, dejé ese balanceo estúpido que estrepitosa y burdamente daba el contacto tierra de suela inverosímil con el suelo, desdichado a no merecer una respuesta ante el abismo de la imagen omni-colora y en leve éxtasis fui devuelto a la mundana realidad de un arrebato donde Carmen Gloria me acordaba el desagravio que le infligía verme revoloteando el pié contra el suelo en acto seguido.
...Y de quién son esos pasos!? callenlos ya!
miércoles, 12 de octubre de 2011
How, then, am I mad? Hearken! and observe how healthily —how calmly I can tell you the whole story."
- Passion there was none. I loved the old man. He had never wronged me. He had never given me insult. For his gold I had no desire. I think it was his eye! yes, it was this! He had the eye of a vulture —a pale blue eye, with a film over it. Whenever it fell upon me, my blood ran cold; and so by degrees —very gradually —I made up my mind to take the life of the old man, and thus rid myself of the eye forever.
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jueves, 6 de octubre de 2011
Ojala la providencia perdone a mi corazón por el imaginario adulterio, la infidelidad por adelantado, a causa de creer en inventos ante cualquiera remitiendo en mi karma el fin de la ilusión venidera.
Pero cuando llegues, no podré decir que he esperado ni mucho menos lo contrario, porque sólo he sido indigno de buscarte, indigno de imaginarte con la realidad de que existes llenándome contigo sin conocerte, más bien tapándome.
-Antes y después casi en ritmo de aventura, sintiendo el hidalgo del guerrero y el recuerdo no vivido.
Sigo al pretexto del desagrado de emitirlo, pero perdóname, impulsivamente perdóname de haber deseado a quien no quise, haber querido a quien no debía.
Tú la culpable, menoscabándome de ser asechando mi identidad, en un juego que ya dejó de ser quien busca al otro en la obscuridad sino, quien degolla al otro primero.
No sé por qué tal afecto y desagravio entre mezclando el olor de mi saliva cuando de ti voy hablando, tal ves no existas, porque tal ves no existes e inconexamente la prohibición que impone la realidad me hace quererte o tan sólo el silogismo que yo te creé antes de conocerte, o ¿cómo explicarías el que hayas existido sin quien te describiera, sin quién te haya visto con mis ojos o sin apreciarte mi razón?
Pero cuando llegues, no podré decir que he esperado ni mucho menos lo contrario, porque sólo he sido indigno de buscarte, indigno de imaginarte con la realidad de que existes llenándome contigo sin conocerte, más bien tapándome.
-Antes y después casi en ritmo de aventura, sintiendo el hidalgo del guerrero y el recuerdo no vivido.
Sigo al pretexto del desagrado de emitirlo, pero perdóname, impulsivamente perdóname de haber deseado a quien no quise, haber querido a quien no debía.
Tú la culpable, menoscabándome de ser asechando mi identidad, en un juego que ya dejó de ser quien busca al otro en la obscuridad sino, quien degolla al otro primero.
No sé por qué tal afecto y desagravio entre mezclando el olor de mi saliva cuando de ti voy hablando, tal ves no existas, porque tal ves no existes e inconexamente la prohibición que impone la realidad me hace quererte o tan sólo el silogismo que yo te creé antes de conocerte, o ¿cómo explicarías el que hayas existido sin quien te describiera, sin quién te haya visto con mis ojos o sin apreciarte mi razón?
jueves, 22 de septiembre de 2011
-No, lo más liberador del arte es que le hace a uno dudar de que exista.
-Y ¿qué es existir?
- ¿Ves? Ya te vas curando: ya empiezas a devorarte.
Lo prueba esa pregunta. ¡Ser o no ser!..., que dijo Hamlet, uno de los que inventaron a Shakespeare.
-Pues a mí, Víctor, eso de ser o no ser me ha parecido siempre una solemne vaciedad.
-Las frases, cuanto más profundas, son más vacías.
No hay profundidad mayor que la de un pozo sin fondo. ¿Qué te parece lo más verdadero de todo?
-Pues... pues... lo de Descartes: "Pienso, luego soy".
-No, sino esto: A iguala A.
-Pero ¡eso no es nada!
-Y por lo mismo es lo más verdadero, porque no es nada. Pero esa otra vaciedad de Descartes, ¿la crees tan incontrovertible?
-¡Y tanto!...
-Pues bien, ¿lo dijo eso Descartes?
-¡Sí!
- Y no era verdad. Porque como Descartes no ha sido más que un ente ficticio, una invención de la historia, pues... ¡ni existió...ni pensó!
-Y ¿quién dijo eso?
-Eso no lo dijo nadie; eso se dijo ello mismo.
-Entonces, ¿el que era y pensaba era el pensamiento ése?
-¡Claro! Y, figúrate, eso equivale a decir que se es pensar y lo que no piensa no es.
-¡Claro está!
-Pues no piensas, Augusto, no pienses. Y si te empeñas en pensar...
-¿Qué?
-¡Devórate!
-Es decir, ¿que me suicide?
-en eso ya no me quiero meter. ¡Adiós!
Y se salió Víctor, dejando a Augusto perdido y confundido en sus cavilaciones.
-Y ¿qué es existir?
- ¿Ves? Ya te vas curando: ya empiezas a devorarte.
Lo prueba esa pregunta. ¡Ser o no ser!..., que dijo Hamlet, uno de los que inventaron a Shakespeare.
-Pues a mí, Víctor, eso de ser o no ser me ha parecido siempre una solemne vaciedad.
-Las frases, cuanto más profundas, son más vacías.
No hay profundidad mayor que la de un pozo sin fondo. ¿Qué te parece lo más verdadero de todo?
-Pues... pues... lo de Descartes: "Pienso, luego soy".
-No, sino esto: A iguala A.
-Pero ¡eso no es nada!
-Y por lo mismo es lo más verdadero, porque no es nada. Pero esa otra vaciedad de Descartes, ¿la crees tan incontrovertible?
-¡Y tanto!...
-Pues bien, ¿lo dijo eso Descartes?
-¡Sí!
- Y no era verdad. Porque como Descartes no ha sido más que un ente ficticio, una invención de la historia, pues... ¡ni existió...ni pensó!
-Y ¿quién dijo eso?
-Eso no lo dijo nadie; eso se dijo ello mismo.
-Entonces, ¿el que era y pensaba era el pensamiento ése?
-¡Claro! Y, figúrate, eso equivale a decir que se es pensar y lo que no piensa no es.
-¡Claro está!
-Pues no piensas, Augusto, no pienses. Y si te empeñas en pensar...
-¿Qué?
-¡Devórate!
-Es decir, ¿que me suicide?
-en eso ya no me quiero meter. ¡Adiós!
Y se salió Víctor, dejando a Augusto perdido y confundido en sus cavilaciones.
viernes, 9 de septiembre de 2011
VIII
Paseaba por un callejón del cementerio.
Entre lápidas grises y sombrías yedras, de pronto aca-
rició mis ojos una nota de luz y calor.
Era una rosa té.
Acerquéme a ella y le hablé con aquel lenguaje que
sólo poseemos los enamorados del color azul, el lenguaje
que se habla a las flores y piedras preciosas y le pre-
gunté.
¿De dónde vienes Princesa Té?
Abrió sus pétalos la rosa embalsamando a la Necrópolis,
y con voz de ramaje y de fuente me contestó:
Fue mi cuna un cráneo joven. Mis pétalos son las ho-
ras de amor de una doncella que se olvidó de despertar
a los quince años.
Ella duerme, y yo canto sobre su lecho la canción de
sus besos a ruiseñores y alondras.
Al venir la noche el ruiseñor refresca su lírica garganta
en la primera perla de rocío que me regala el sereno,
y cuando amanece, la alondra viene a buscar en mi
corazón la dulzura con que ha de despertar a los hom-
bres del mundo vivo.
El graznido de un cuervo silenció la voz de la rosa que
se recogió en sus pétalos tímida e infantil.
Me postré entonces sobre la piedra, y con aquel len-
guaje que se habla a las flores, dejé a la doncella
muerta.
Dueme juvenilia, soñando con el amor que te encen-
dió el alma.
La tierra es un amado con labios narcóticos y carne
de pétalos.
jueves, 18 de agosto de 2011
"Dado que el hombre es una cosa creada finita, etc, es necesario que lo que él tiene de pensamiento, y que nosotros llamamos alma, sea un modo del atributo que llamamos pensamiento, sin que a su esencia pertenezca ninguna otra cosa, aparte de ese modo. De suerte que, si este modo se destruye, también se destruye el alma, aunque dicho atributo permanece invariable."
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