Esa fé ciega que he de tenerla a la gente, no para de reñir pensamientos despectivos acerca de mi inescrutable misantropía. Pero ella, no se que me convence o por qué me resulta familiar, la tranquilidad con la que me habla, su perfume de "no quiero hablarte". Ya los desaires de cualquier mirada ajena que se posa en mi camino, ya no logra ese estímulo lleno de cólera que rondaba antes en mí, ¿Qué me robaste?.
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