Yo solía pensar que todos éramos adoptados del espacio exterior.
Que antes de nacer éramos sólo pequeñas semillas flotando por el cielo, esperando a que alguien venga y nos recoja. Que el proceso de selección era azaroso. Y que no había ninguna lógica en quiénes podrían ser nuestros padres. En un sentido, yo tenía razón, porque nuestra chance de nacer depende del encuentro de nuestros padres.
Y ¿quién sabe? Yo podría todavía ser una pequeña semilla, flotando por el cielo. Esperando a que alguien venga, y me recoja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario